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El paisaje como proceso y elemento estructurante del entorno construido

Los cambios en el paisaje han llegado a ser muy intensos y devastadores, en especial en las áreas periurbanas, donde muchos recursos y valores patrimoniales se pierden irreversiblemente debido al crecimiento urbano y a la presión que la expansión ejerce sobre las zonas rurales, donde una multitud de funciones compiten por el territorio. Aparecen nuevos elementos, estructuras y usos que se superponen a los paisajes tradicionales o heredados, contribuyendo a la fragmentación morfológica, funcional y paisajística del territorio y a la pérdida de identidad que la alteración o la sustitución del paisaje implica. Se crean nuevos paisajes, que se caracterizan, en muchos casos, por una homogeneidad formal y funcional, y por su escasa o nula integración en el patrimonio paisajístico heredado.

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Fig. 1: Qianhai Water City. James Corner Field Operations. © James Corner

Surge así la necesidad de la vinculación de la práctica urbana y arquitectónica al pensamiento ecológico, siendo el paisaje el ámbito disciplinario que registra una mayor identidad contemporánea del lugar y el medio a través del cual vincular las estructuras urbanas a los procesos ecológicos. Claros ejemplos de esta vinculacón son los Proyectos de la Ciudad de Quianhai y el Frente marítimo de la Ciudad de Toronto.

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Fig.2: Qianhai Water City . James Corner Field Operations. © James Corner

En la imagen, el Proyecto de diseño de la ciudad de Quianhai, en la región de Shenzen, China, ganado por James Corner, paisajista, director de la oficina Field Operations ( y autor del Proyecto “The Highline” de la ciudad de Nueva York). Corner ganó el concurso principalmente porque basó su estrategia en la mejora de la calidad del agua y en la creación de barrios, y como el mismo comenta: “ninguno de los otros equipos invitados a concursar se preocuparon de los temas ambientales, estaban demasiado preocupados en crear ciudad.”

Proponemos, por tanto, la utilización del paisaje como una herramienta operativa para resistir las tendencias globalizadoras y homogeneizadoras del medio construido, como el instrumento capaz de volver a reconectar los lugares. La noción de paisaje como proceso activo y dinámico encaja con la necesidad de gestionar la complejidad, abrazar el cambio y responder a las tendencias homogeneizadoras de la economía y a un mayor nivel de incertidumbre generado por los desequilibrios ambientales del planeta.

Desde la escala regional y territorial hasta la escala urbana, el paisaje se presenta como un proceso articulador para el diseño de la intersección entre el medio construido, las infraestructuras y el entorno, capaz de promover la cohesión social y poner en valor nuestro patrimonio natural y cultural. Reaparece, por tanto, como una herramienta para intervenir en los espacios intersticiales, como el elemento estructurante del crecimiento, capaz de redefinir y de dar nuevas formas al espacio urbano. Las estrategias de los proyectos de paisaje y la aplicación de tecnologías innovadoras – como la gestión del ciclo del agua y de la energía – permiten promover la sostenibilidad urbana y la adaptación de las ciudades al cambio climático.

En el caso de Toronto, su Frente Marítimo era un emplazamiento con serios problemas ambientales. Los responsables decidieron hacer un concurso e invitar a grandes firmas de paisajismo: Field Operations, Michael Van Valkenburgh Associates, y West 8 entre otros para que propusieran un desarrollo de la zona basado en sus estructuras del paisaje y los procesos ecológicos del emplazamiento.

Los ganadores del concurso fueron West 8, oficina de Paisajismo holandesa, con una propuesta cuyas estrategias de intervención se basaban en la resolución de los problemas ambientales y la creación de amplios espacios públicos.

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Fig. 3: Frente Marítimo de Toronto. West 8. © West 8

De los paisajes no nos interesan solo sus apariencias, o sus características formales, es decir “lo que son”, sino los paisajes como proceso o actividad: es decir, “como funcionan” y “lo que hacen”. Sugerimos un cambio en el modo de ver el paisaje, donde no es simplemente un reflejo o producto cultural, sino mas bien un agente para el enriquecimiento de la cultura. Se revela, por tanto, como un instrumento activo innovador. La entidad de los proyectos de paisaje puede ofrecer una estrategia de proceso mas que de producto. Es como un agente cultural, donde los proyectos pueden servir como medio para influenciar en los hábitos culturales.

Cristina del Pozo, PhD
SUNLIGHT Landscape Studio
Directora Master Universitario en Arquitectura del Paisaje. Universidad CEU San Pablo, Madrid.

Publicado en La Ciudad Viva, 13 junio 2011
http://www.laciudadviva.org/blogs/?p=10620